Ese es el espejo donde nos reflejamos cada día. Incapaces de aceptar que el éxito o fracaso dependen únicamente de nosotros mismos, condenamos a los triunfadores a un juicio severo y lapidario.
A los que logran sobresalir financieramente, a deportistas destacados, a los artistas de moda, a los políticos exitosos, a cualquier persona en la que puedas pensar en este momento, les descalificamos, minimizando su capacidad y méritos.